martes, 21 de octubre de 2008

JAQUE MATE AL PERDÓN (PARTE 1)

Tras la cortina de humo que hallamos siempre al hablar de asustos turbios en nuestra Semana Santa, siempre hay mucho más. Existe un trasfondo oscuro, enfangado y farragoso donde todo lo incorrecto queda atrapado en las arenas movedizas del olvido, en el recuerdo vacío de los amnésicos que disuelven sus fechorías entre la capacidad de perdón de los cristianos, y el interés general de seguir adelante y no mirar atrás para remover escombros.



Pensamos que todos erramos, es cierto, pero no es menos cierto que, cuando nos equivocamos conscientemente, hemos de asumir aquello que nos corresponde para, sobre todo expiar los pecados cometidos y retomar los caminos que nos lleven de nuevo a la senda correcta en la vida. El hecho que ahora nos ocupa es especialmente singular y renombradamente conocido en nuestra intrahistoria semanasantera. Y no es conocido especialmente por sus derroches de buen hacer, sino, más bien, por todo lo contrario.



Hace ya casi 25 años, se fundó en Motril la Cofradía de Nuestro Padre Jesús del Perdón (Jesús Preso) y Nuestra Señora del Carmen. Este fué, en origen, el nombre primitivo de esta Hermandad gestada principalmente en las cabezas de gente como el tristemente ya fallecido Pepe Díaz, Manuel Jiménez Esparell o Cecilio Arcas, que también anduvo en los inicios de aquella aventura que, hoy por hoy, aún perdura. Es cierto que hay muchos más nombres, pero ya irán siendo nombrados a lo largo de este serial.



Recuerdo mis primeros acercamientos a aquella humilde cofradía, enraizada al Barrio de las Angustias, que procesionaban hasta lo más alto de aquellas calles que nos llevaban al norte de nuestra ciudad con su imagen, un impresionante cautivo de D. Domingo Sánchez Mesa que, desde que puso los pies en las calles de nuestro pueblo, ha sido siempre y es, y será, motivo de las más profundas alabanzas y de la más exquisita y distinguida adoración por parte de todos aquellos que se han acercado a Él.



Eramos pocos, la verdad. Recuerdo que salíamos de la Iglesia de Nuestra Señora del Carmen, de la Plaza donde la ermita reside. El primer año estábamos arropados principalmente por gente del barrio, con un sabor hogareño y cercano, sintiendo como los lugareños de la zona se sentían infinitamente agradecidos por vivir la Semana Santa en su territorio más cercano, en sus calles, en sus casas, en sus corazones.



Nada más salir, nos poníamos a la búsqueda de la carrera oficial, allá por Calle Nueva por aquellos entonces. En ese momento, está claro, todos aquellos que se habían acercado a la Calle Cañas para arroparnos, quedaban un tanto entristecidos al ver que su Jesús del Perdón se les iba del barrio, pero también henchidos de ilusión porque sabían, a ciencia cierta, que Él volvería trancurridas un par de horas para echar el tiempo que hiciese falta con ellos y ellas, para bendecirlos y agradecerles tan grato y sincero cariño recibido.Pero antes de llegar a esa arteria principal de nuestra ciudad, visitábamos todo el centro de Motril, pasando por Catalanes, Plaza de las Palmeras y, si no me falla la memoria, la Calle Teatro.



Una vez establecido el compromiso con Carrera Oficial, era entonces cuando la comitiva procesional se volvia al barrio, a sus calles, con su gente, se convertía una vez traspasaba el virtual umbral de Cuatro Esquinas en una cofradía de barrio, con sabor, con enjundia y absolutamente encariñada con aquellas gentes.



Era en ese momento cuando todo era distinto, mágico, inolvidable. Tanto amor derrochado hacia Jesús en el Barrio de las Angustias era perceptible debajo del capillo de nazareno que me cubría la faz. Todos los que participabamos de la salida procesional eramos contagiados por ese reguero de satisfacción y alegría contenida entre rezos, oraciones, llantos y saetas que siempre han regalado desde cualquier balcón, desde cualquier rincón escondido de un callejón o desde una ventana cualquiera donde dos ojos se asoman con respeto para inclinar la mirada hacia el Hijo, desplegando toda serie de plegarias y confesiones.



(Continuará)

4 comentarios:

Luigi dijo...

Hasta llegar a la placeta del enano e incluso mucho mas arriba. La cosa promete niño, te sigo entusiasmado jejeje, Un abrazo

Luigi dijo...

Un matiz, quien fallecio desgraciadamente fue el inolvidable Pepe Diaz.

quinta columna dijo...

Gracias Luigi. Un lapsus del teclado. Solvento el error inmediatamente.

Gracias de nuevo

David R.Jiménez-Muriel dijo...

Era otro sabor el de entonces... Ahora estamos más preocupados en "hacer la pintura" que en conservar el marco. Sería imposible repetir las escenas. Ni los vecinos son los mismos, ni la sociedad conserva ese sabor a las cosas de siempre que tenía las Angustias.

¿Os acordáis de las casas vecinas abiertas al paso de la Hermandad? Qué estampas más añejas, más rancias...