lunes, 10 de noviembre de 2008

JAQUE MATE AL PERDÓN (PARTE 5)

LA NEGACIÓN DE LOS PRINCIPIOS BÁSICOS (PARTE 2)




Roberto estaba en la cocina pelando tubérculos para hacer las papas a lo pobre...
Entonces entré a saludarle, junto con el resto de personas que se concurrían en la cocina. Me saludó de lo más normal. En ese momento le comenté que se había venido conmigo a echarnos una mano David. Él estaba en la barra, hablando con sus amigos cofrades, puesto que aún no estábamos abiertos, y esta situación daba pie a establecer una tertulia. En el mismo momento que comenté el hecho a Roberto, este saltó aterrorizado de la silla sobre la que estaba posado, y comenzó a ser poseído por una mezcla de ira y pánico.
- ¡Yo me voy! ¡Yo me voy! ¡Si él está aquí, yo me voy!
Nunca le había visto así. Parecía que hubiese nombrado al mismísimo demonio. Con celeridad se fu hacia el que, en aquel entonces, era el Hermano Mayor, el olvidable Pepín Pómez. Comenzó a increparle con toda clase de improperios hacia su persona con el fin de hacer valer su supuesto "poder" en la cofradía para expulsar a aquella persona de la barra.
La escena era dantesca. Por un lado, David, un poco ajeno a todo lo que ocurría dentro, pero un tanto preocupado por el revuelo que se intuía tras las puertas que daban a la cocina. De otro lado, Roberto vociferando y echando culebras por la boca al respecto de que aquella persona estuviese pululando por "su" caseta. Escena dantesca y vergonzosa al mismo tiempo. La hermandad, la misericordia y el perdón eran sustantivos que, a pesar de rezar en la fachada con grandes caracteres, brillaban por su ausencia en el interior.
La histeria de Roberto llegaba hasta tal punto que dijo a su hermano mayor que se cambiaba y se iba. Y así lo hizo. Cogió y, con aires de grandeza y despecho, salió a toda velocidad de la caseta, evidentemente sin decir ni pío.
Por otro lado estaba David, hablando con hermanos y miembros de la Junta que aquel día también iban a colaborar, y contemplando estupefacto la surrealista escena que estaba teniendo lugar en aquel momento.
Y yo, en medio de todo aquello, entre fuera y dentro, sin saber cómo manejar todo aquel desbarajuste. Por un lado estaba Roberto que, a pesar de ser excesivamente intransigente, pues era un miembro de la Junta a la que pertenecía por aquellos tiempos. Por otro, David, mi amigo, ni más ni menos. Y con todo lo que la palabra amistad conlleva.
Yo me quedé con él, con mi amigo, le aparté un poco del grupo de tertulia, y le expliqué que Roberto se había ido de la caseta por su presencia. Evidentemente, a David le daba igual, él estaba en su derecho de estar allí, primero como hermano de la cofradía, segundo por su demostrado amor a la Hermandad, y tercero porque él no había hecho nada malo. Con lo cual, el estaba equivocándose y demostrando los peores contravalores que se pueden ver en un cofrade, era Roberto.
Pues al cabo de unos minutos salió Pepín Pómez y nos cogió aparte. Y ahí comenzó el momento más vergonzoso de la tarde y uno de los más vergonzantes de mi vida cofrade...
(Continuará)

3 comentarios:

El Senatus dijo...

Jeús no tardes en actualizar, que me tienes en vilo con esta novela..

Thor dijo...

Todos sabemos de quien hablas. Te honra la discreción. "Roberto" lleva una "excelente" trayectoria: Se pasa el año hablando mal de todo el mundo, pero muy mal. Está empezando a cobrar con la misma moneda con la que le paga a sus semejantes. Y, encima, se junta con dos o tres que blasfeman como descosidos. 'Roberto' tiene como para hablar y no parar; pero si quiere que le dejen en paz, que aprenda a ser un cofrade de una vez y no vilipendie más a sus semejantes; bastante daño ha hecho ya.. Ahora si empieza a recibir que aguante como un hombre.

David R.Jiménez-Muriel dijo...

¿Que aguante como qué?

Se le quda grande lo de hombre.